Alex's profileEspacio de J. Alex W. VPhotosBlogListsMore Tools Help

Espacio de J. Alex W. V

Alex

Occupation
Location
Interests
prefiero la compañia de los animales aunque hay personas a las que me gusta frecuntar y considerar amigos

Video

No content has been added yet.
aqui se mustran los libros que recuerdo
by 
by 
by 
by 
by 
by 
by 
by 
by 
El mejor libro que he leido, es una excelente muestra de la epoca
No list items have been added yet.
No list items have been added yet.
June 01

experimentos medicos

En octubre de 1943, siendo Yom Kippur, la más sagrada de las festividades judías, Mengele se dirigió en su motocicleta a un campo de fútbol que, en aquel momento, albergaba a dos mil niños varones. De pronto, Mengele subió a un estrado y contempló a su congregación. Preguntó a un muchachito de catorce años qué edad tenía. Aquel niño apenas formado, pero versado en las costumbres del campamento, contestó que tenía dieciocho. Mengele, enfurecido, gritó: "Ya te voy a enseñar”. Ordenó a uno de los guardias que buscara martillo, clavos y un trozo de madera. Luego le indicó al soldado que clavara la madera a cierta altura sobre uno de los postes de la portería. "Pasen por ahí abajo”, ordenó Mengele a los niños. Ellos comprendieron de inmediato: aquel cuya cabeza no llegara a la marca sería seleccionado. Algunos niños, frenéticos, se llenaron los zapatos de piedras para agregarse altura. Otros, asustados, vagaban en derredor, mientras Mengele aullaba sus órdenes. Cerca de un millar no alcanzaron la norma impuesta por Mengele. Se produjo un salvaje forcejeo cuando los soldados de las SS, acompañados por perros, reunieron a los petrificados niños. Mengele se reía, gozando de la escena. Su hilaridad parecía aumentar con los gritos de los niños que clamaban por sus madres. En aquella masacre de Yom Kippur, mil niños fueron seleccionados y pasados por la cámara de gas. La selección que Mengele hizo en Yom Kippur no fue caprichosa. Conocía la religión de sus cautivos. Sabía que, en el Día del Perdón, los judíos recitan una plegaria que habla de un rebaño que pasa bajo la vara del pastor, el Señor, que decide quién ha de vivir. Yom Kippur proporcionó a Mengele la ocasión de demostrar a los internos de Auschwitz que él era su Pastor, su Señor, el que controlaba la vara.
Con frecuencia improvisaba durante sus selecciones, buscando modos diferentes de exhibir su poder. Una ayudante integró un grupo de mujeres obligadas a desfilar desnudas al aire libre ante el médico y su personal. A continuación, Mengele ordenó a aquellos espantapájaros costrosos que echaran a correr. Las que no pudieron reunir energías suficientes para partir al trote integraron la Columna de la Muerte. Mengele sólo quedó parcialmente satisfecho. Contempló pensativamente los granos, las llagas y los abscesos que cubrían los cuerpos de las supervivientes, provocados por los piojos y la dieta. Finalmente, las envió a la fila de la vida.
El deliberado oscurantismo del médico realzaba los dramas de la selección. No siempre la columna derecha significaba la muerte y la izquierda la supervivencia. Muchas de las acciones de Mengele parecen haber sido guiadas por el capricho, pero se diría que nunca le preocuparon las consecuencias. Una prisionera recordaba la actitud de Mengele durante las selecciones, el modo en que se erguía, con los pulgares en el cinturón de la pistolera. “Recuerdo al doctor Koenig y, a su favor, debo decir que siempre se embriagaba profundamente antes, igual que el doctor Rohde. Mengele no. A él no le hacía falta. Lo hacía sobrio”. Otras prisioneras decían que era un hombre guapísimo. Resulta extraño, aunque tal vez comprensible, dadas las circunstancias, que muchos a los que Mengele otorgó la vida ante la muerte, nunca hayan podido resolver una sensación de ambivalencia con respecto al “Ángel de la Muerte”.
Mengele se mostró particularmente duro con aquellas internas que quedaban embarazadas de los guardias. Madre e hija nacida o nonata iban a la cámara de gas. Muchas veces en los vagones en que se traía a los condenados quedaban cadáveres de madres con sus hijos aún vivos en los vagones, y Mengele ordenaba lanzar esas criaturas directamente al horno de la lavandería para que sirvieran de combustible. Más tarde cambió de actitud: permitió a las embarazadas dar a luz, y los bebes nacidos eran confiscados para ir a dar a una sala de experimentación en otro lugar del campo. En muchos casos, Mengele ordenó que a la madre parturienta se le vendase el pecho para que no amamantara a su bebé. Recopilaba datos sobre la muerte por inanición de los infantes.

Una prisionera recuerda:

“La hora de la selección era un momento de vida o muerte. No había luz en el cielo. Eran las tres, las cuatro, las cinco de la mañana, o tal vez el anochecer y había que esperar para pasar lista. De pie, en fila, vestidas con harapos, descalzas. Eso podía durar una, dos o tres horas; fuera corno fuese, parecían años. Y allí estaba Mengele, elegantemente vestido, con una bella camisa azul, tan apuesto, tan garboso, sonriente, con olor a jabón fino o a agua de colonia. Hará personalmente la selección. Yo estoy embarazada. Estamos desnudas y debemos caminar, como gansos, frente al doctor Mengele. Unas cuantas jóvenes han decidido ponerme entre ellas para tratar de distraer la atención de Mengele. No llegamos a acercamos a él. ¿Es posible? ¡El doctor Mengele no repara en mí! ¿Podré vivir? Y la vida nueva se agita en mis entrañas”.



Mengele explicaba a otros colegas su actitud:

"Cuando nace un niño judío no sé qué hacer con él: no puedo dejar al bebé en libertad, pues no existen los judíos libres; no puedo permitirles que vivan en el campamento, pues no contamos con las facilidades que permitan su normal desarrollo; no sería humanitario enviarlo a los hornos sin permitir que la madre estuviera allí para presenciar su muerte. Por eso, envío juntos a la madre y a la criatura”.
Los gemelos resultaban particularmente interesantes para Mengele. Dicho interés radicaba en las profundas influencias inculcadas por Otmar von Verschuer y Ferdinand Sauerbruch del Instituto Kaiser Wilhelm de Genética y Eugenesia, donde se embebió de los conceptos de herencia y raza pura, y el problema judío era el núcleo de las discusiones. Mengele, siguiendo los pasos de Von Verschuer, había desarrollado un fuerte interés por los gemelos como una fuente de información acerca de estos conceptos pseudocientíficos. Por lo tanto, cuando supo que Auschwitz era su destino, no pudo ocultar su satisfacción, pues el campo de concentración era para él un laboratorio lleno de ratas judías.
A partir de 1943, los gemelos eran seleccionados y ubicados en barracones especiales. Cuando en la rampa de selección localizaba gemelos, para éstos constituía una esperanza de alargar la vida el pertenecer a esa condición. Los gemelos eran ubicados en un recinto especial y eran tratados algo mejor que los demás internos. Prácticamente todos los experimentos de Mengele carecían de valor científico, pero fueron financiados por el gobierno nazi. Incluyeron, por ejemplo, intentos de cambiar el color de los ojos mediante la inyección de sustancias químicas en los ojos de niños, amputaciones diversas y otras cirugías brutales y, al menos en una ocasión, un intento de crear siameses artificialmente mediante la unión de venas de hermanos gemelos (la operación fue un fracaso y el único resultado fue que las manos de los niños se infectaron gravemente). Las personas objeto de los experimentos de Mengele, en caso de sobrevivir al experimento, fueron casi siempre asesinados para su posterior disección.
Mengele extraía los ojos a sus víctimas mientras estaban vivas y concientes, y colocaba los globos oculares en una pared, como un muestrario de las variedades heterocromas que existían. Casi nunca utilizaba anestesia. Intentó también por la vía química cambiar el color de pelo de los internos mediante la aplicación de dolorosas inyecciones subcutáneas y en algunos casos realizó castraciones y experimentos en la médula espinal dejando paralizados a los intervenidos. También trató de cruzar mujeres con perros para que se embarazaran.
Una prisionera francesa llamada Jeanette llegó al momento del parto en Auschwitz. Había sido un embarazo difícil, y la enfermera descubrió que Jeanette estaba embarazada de mellizos. Consideró mejor avisar a Mengele, quien acudió inmediatamente al iniciarse el parto. “¡Gemelos, gemelos!”, gritó. “¡Por fin van a nacer gemelos aquí!” Como muestra de aparente gratitud hacia la madre, hizo traer un cesto para los bebés, algunas batitas y colchas de verdad, indudablemente sacadas del botín de “Canadá”. La misma Jeanette recibió un lujo inusitado: una sábana blanca. Un día después del doble nacimiento, un par de soldados de las SS entró en el hospital, preguntando: “¿Dónde están los gemelos?” Recogieron a las criaturas y se marcharon, dejando a la madre enloquecida de miedo. Todas las noches volvían los bebés, cada vez un poco peor después de haber pasado el día con Mengele. A las dos semanas murió uno; su hermano le siguió poco después. A continuación, la misma Jeanette fue seleccionada; moriría poco después.
A los niños gemelos que llegaban al KZ, el mismo Mengele los llevaba a su consultorio. Uno de ellos recordaría años después:

“Mengele se lavó las manos con alcohol y se sentó en una silla. Con un dispositivo a pilas, comenzó lentamente a inscribirme un número. Era paciente y minucioso. ‘Eres un niño pequeño. Cuando crezcas, algún día podrás decir que el doctor Josef Mengele te puso personalmente el número. Serás famoso. No te lo rasques”.
Mostraba un semblante benigno a la familia de los gemelos. Nadie se perturbó cuando propuso someter a los niños a algunas pruebas. Pensaron que sería algún tipo de estudio sobre su conducta. Los hermanos se encontraron tendidos en mesas contiguas, en el laboratorio. El chico sintió que se le hundía una aguja en la espalda. Le ardía todo el cuerpo; luchaba para no perder el sentido. También oyó a su hermana gimotear. “Lamento tener que hacer esto. El dolor pasará”, dijo Mengele; pero el dolor nunca pasó. Recibieron un número interminable de sondas e infusiones de sustancias que les atormentaban el cuerpo. Mengele extrajo de ellos una variedad de fluidos, los puso cabeza abajo durante horas enteras, los sumergió en un tanque de acero lleno de agua fría. Les dio dulces y después aplicó unas inyecciones horriblemente dolorosas.

Como regla, la muerte de un mellizo requería el fallecimiento del otro. Mengele no resistía la oportunidad de semejante fenómeno, afirmando:

“¿Dónde, en circunstancias normales, se pueden hallar hermanos gemelos que mueran en el mismo lugar y en el mismo instante? Los gemelos, como todo el mundo, se separan por las circunstancias variadas de la vida. Viven a buena distancia y casi nunca mueren simultáneamente. Uno puede morir a los diez años, el otro a los cincuenta. En tales condiciones, la disección comparativa es imposible”.

El campamento de los gitanos proporcionaba a Mengele otro de sus artículos favoritos: enanos. Quedó extasiado al descubrir una familia de diez miembros que incluía a siete enanos. “¡Ahora tengo veinte años de material para estudiar!", fue su exclamación, citada con frecuencia. Una enfermera estaba presente cuando Mengele fue a echar una mirada más minuciosa a esos diminutos seres que habían logrado llevar consigo sus sillas pequeñas y una mesa. Las mujeres se habían empolvado en honor al visitante. Todas alabaron efusivamente al hombre, a quien consideraban su benefactor. “Qué hermoso es, qué amable. Suerte la nuestra de tenerlo como protector. Qué bondad la suya, venir a ver si nos hace falta algo”. Todos se pusieron firmes cuando Mengele entró con su cortejo. Una de las enanas se adelantó un paso y se arrodilló para abrazarse a sus relucientes botas. “¡Usted es tan bueno, tan encantador! Dios debería recompensarlo”. Mengele sacudió la bota, arrojándola al suelo, y se dirigió a la madre de varios enanos, que era de tamaño normal. “Dígame cómo vivía con su pigmeo”, le espetó. La anciana se ruborizó, pero cuando se le ordenó hablar, sólo mencionó la carrera de su esposo en el circo. “No me hable de eso; quiero saber cómo dormía con él”. Al serle negados los detalles íntimos, Mengele abandonó el sitio de mal humor. Pocos días después se llevó a un niño de tres años, hijo de una enana, a su sala de exámenes. Al caer la noche, el niño estaba muerto. Uno de los enanos, engañado por los guardias, se deslizó entre los alambres que separaban los distintos sectores. Un soldado de las SS lo mató de un disparo. El médico no aceptaba una negativa; de un modo u otro, obtuvo su satisfacción. Los enanos supervivientes sufrieron el dolor y las humillaciones de las pruebas de Mengele. Los dentistas les arrancaron dientes sanos, los ayudantes les extrajeron sangre semanalmente. Cuando les hacía transfusiones de sangre, usaba a propósito tipos sanguíneos no correspondientes. Invadieron los vientres de las mujeres con medicamentos, exponiendo sus cuerpos a repetidas sesiones de rayos X. Como insulto final y muestra de degradación, se les obligó a hacer su número desnudos ante un público formado por el personal de las SS.
En cooperación con otros médicos, Mengele intentó también buscar un método eficaz de esterilización masiva; muchas de las víctimas fueron mujeres a las que se les inyectaba diversas sustancias en los ovarios, sucumbiendo muchas de ellas o quedándose estériles en otros casos. También se les exponía a altas dosis de rayos X. En otras ocasiones, realizaba experimentos sumergiendo en agua helada a internos fuertes para observar sus reacciones ante la hipotermia. También cooperó con su contraparte de la aviación, el médico Sigmund Rascher de la Luftwaffe para algunos experimentos. Rascher fue el equivalente de Mengele en el campo de la experimentación con humanos, pero con fines militares. Ambos sometieron a varias personas a cambios de presión extremos en cámaras despresurizadas; estos individuos perecían en medio de terribles convulsiones por excesiva presión intracraneana. Muchos se jalaban el cabello, se sacaban los ojos a sí mismos o se arrancaban trozos de carne de la cara, en un vano intento de aliviar la presión.
Hubo otros que capitalizaron las nuevas oportunidades para la investigación. El doctor Edmund Koenig, por ejemplo, se sintió impulsado a satisfacer su curiosidad sobre los efectos de las descargas eléctricas en los cerebros de jóvenes judíos de Auschwitz. Ernest Michel, prisionero del campamento en la primavera de 1943, había sido herido mientras trabajaba en el complejo de I.G. Farben. Como era estudiante de caligrafía, le habían asignado funciones de administrativo. Cierto día, él y un enfermero se presentaron para una misión especial, guiando a varias jóvenes desde los camiones a las barracas del hospital. Eran entre seis y ocho prisioneras, confusas, agitadas y temerosas con respecto a su futuro inmediato. Tan sólo hacía un día que habían llegado de Hungría. Michel habló con una de ellas, una hermosa adolescente que parecía dominarse a pesar de su aflicción. Michel y su compañero llevaron a las jóvenes a un cuarto del hospital. Allí estaba el célebre Josef Mengele, junto con Koenig. Una hora más tarde, Michel volvió en busca de las pacientes:

“En la sala donde se llevaban a cabo los ‘servicios médicos’, una de las mujeres estaba todavía conectada a una máquina eléctrica, posiblemente para la experimentación con electrochoque. Ya nos habían dado órdenes de tener preparada una camilla para sacar a las mujeres. Dos de ellas estaban muertas; una de ellas era la muchacha húngara. Dos, obviamente, habían caído en coma. Las otras respiraban con irregularidad y dificultad. Ninguna estaba consciente. Noté que las vivas aún tenían los dientes apretados y que les habían puesto en la boca pedazos de papel”.
Mengele también realizó experimentos con gitanos y judíos que tenían enfermedades hereditarias de enanismo, síndrome de Down, siameses y otras afecciones e incluso con mellizos, diseccionándolos vivos y sumergiendo luego sus cadáveres en una tina con un líquido que consumía las carnes, dejando libres los huesos. Los esqueletos eran enviados a Berlín como un macabro muestrario de la degeneración física de los judíos. En una ocasión, mientras hervía varios cadáveres en una tinaja para quitarle la carne a los huesos, varios prisioneros llegaron ante el recipiente, atraídos por el olor de la carne hervida, y se comieron trozos de los cadáveres para aliviar el hambre.
Otra de sus líneas de investigación fue el virus etno-específico. Mengele llegó a tener una colección particular de condenados especialmente escogidos para servir en sus ensayos; el trato recibido era aún peor que el de los condenados a las cámaras de gas. El doctor Horst Schumann, principal figura en el programa de eutanasia, propuso bombardear a los hombres judíos y de otras razas con altas dosis de rayos X, lo cual aniquilaría la capacidad de producir esperma vivo. Viktor Brack, administrador en jefe de la cancillería de Hitler, lo patrocinaba. Brack advirtió a Himmler que una sola instalación de rayos X podía esterilizar entre ciento cincuenta y trescientas personas al día. Con veinte máquinas semejantes en un lugar, una línea de montaje podía eliminar la potencia reproductiva de tres mil a cuatro mil hombres al día. Los artefactos debían estar ocultos para que los rayos X atacaran silenciosamente al hombre mientras él completaba algunos documentos sentado en un escritorio. En la práctica, las máquinas provocaban quemaduras horribles. Los médicos internos que cubrían las guardias encargadas de atender a los especimenes de prueba vieron a víctimas con grotescas decoloraciones en los genitales. Josef Mengele participó en esas pruebas de rayos X, pero centró sus experimentos en las mujeres, usando a un grupo de monjas polacas.

Un método alterno para la esterilización era la castración quirúrgica. El interés asignado a la velocidad hacía que las operaciones para extirpar testículos fueran competencias cronometradas. Los nazis hallaron a varios médicos prisioneros dispuestos a cooperar. Wladislaw Dehring, el polaco que trabajaba bajo la dirección de Horst Schumann, blandió el bisturí por cuenta de sus captores. De hecho, Dehring se enorgullecía de su técnica veloz, demostrando que la castración se podía cumplir en diez minutos, utilizando anestesia local. También ahorraba tiempo al no esterilizar sus instrumentos ni lavarse las manos después de cada operación. Al principio, los hombres llevados a la sala de operaciones no se daban cuenta de lo que les esperaba. Más adelante, al propagarse la noticia, muchos se arrojaban contra la cerca electrificada antes de someterse a las cirugías.
Un prisionero soviético que se escapó de un grupo designado para la castración, contó a Sim Kessel, un judío francés, que había sido llevado con otros diez o doce hombres a la “sección de biología experimental”, dirigida por Josef Mengele. El ruso oyó gritos atormentados de dolor y escapó saltando por una ventana. Sus compañeros habían sido emasculados sin anestesia. Mengele también hizo irradiar a algunas mujeres, dejándolas estériles. OIga Lengyel atendió a jóvenes que tenían grotescas quemaduras en la zona genital. Dehring también ayudaba a los hombres de las SS extirpando los ovarios dañados para su inspección con el microscopio.
El médico civil Karl Clauberg, profesor de ginecología en Prusia Oriental y autor de varios libros y tratados científicos, no sólo tenía un laboratorio para la investigación, sino también una fuente de utilidades. Hizo un trato con la empresa farmacéutica I.G. Farben para probar sus fármacos en los internos de Auschwitz; a cambio la compañía le pagaba buenas sumas de dinero por cada proyecto. Clauberg tuvo la idea de que cierta sustancia, llamada caladium sequinum, podía esterilizar a ambos sexos; por lo tanto, acordó comprar ciento cincuenta mujeres a las SS. Los nazis entregaron a un grupo de judías traídas de Holanda; pocos minutos después de bajar del tren, rodeadas de guardias armados de látigos y de perros que mostraban los dientes, empezaron los experimentos. Algunas estaban embarazadas; algunas eran jóvenes; otras ya habían pasado la edad fértil.
Ante los divertidos soldados de las SS, las candidatas fueron desvestidas a la fuerza; se les afeitó la cabeza y el vello púbico. “Se les untó el cuerpo con una crema grasienta antiparasitaria”, dijo la doctora Karel Sperber, médica interna. Los espectadores bromeaban mientras embadurnaban los órganos genitales con el ungüento. El equipo de Clauberg extirpó ovarios, inseminó artificialmente a algunas mujeres y luego retiró los órganos reproductivos; hasta trasplantó células cancerígenas en los úteros, antes de cortarlos un mes después para determinar los resultados. Clauberg y un colaborador, el doctor Kaufffman, satisfaciendo sus apetitos lascivos, encerraron a un hombre castrado, desnudo, en una habitación, con una mujer igualmente desvestida. Luego, los científicos espiaron por un vidrio, en aras de la ciencia y del conocimiento.

Mengele se incluyó en el grupo que buscaba un medio simple y químico de esterilización en masa. Entre aquellas con quienes practicaba estaba Magda Bass:

“Fui elegida, con otras mujeres, para recibir inyecciones en la boca y los labios. Allí estaba Mengele, observándonos. Algunos días después, a la mayoría se le hinchó la cabeza. Todas ellas desaparecieron. Yo tuve suerte, pues a mí no se me hinchó. Poco después me llevaron al mismo lugar con más mujeres. En esa oportunidad recibimos inyecciones bajo el brazo. Mengele, de nuevo, nos observaba. Al noventa por ciento de las inyectadas, aproximadamente, se les hincharon las piernas y los pies. También ellas desaparecieron. Más adelante, cuando vine, por fin, a Estados Unidos, quise concebir un hijo, pero no pude. Los médicos de la Clínica Mayo me han dicho que tal vez haya quedado estéril por lo que me aplicaron”.
l Sonderkommando Filip Müller estaba encargado de eliminar los restos de la investigación realizada por Mengele y sus colegas:

“Algunos de los cadáveres eran horribles a la vista. Con frecuencia habían sido desmembrados o sometidos a disección. Muchos eran de hombres y mujeres jóvenes que tenían quemaduras extrañas y heridas infectadas en los testículos o en las partes inferiores del cuerpo, cuando no abscesos en el vientre y en los muslos. Otros tenían un tinte azul rosado o caras purpúreas, con la mandíbula apretada”.
El empleo de cobayas humanos en tales experimentos se justificaba en aras del perfeccionamiento de la terapia o de la purificación de la raza. Se prometían métodos nuevos para tratar el cáncer de estómago, curas para dolencias de los órganos reproductivos y medicamentos para controlar las enfermedades contagiosas. Y los médicos de las SS no se mostraban tímidos en sus informes a los colegas. Según Leo Alexander, desde 1942, “esos experimentos llevados a cabo en los campos de concentración se presentaban públicamente en las reuniones médicas”. Sigmund Rascher llegó a usar la frase “experimentos humanos terminales”. No hubo protestas audibles entre los médicos reunidos al oír esa confesa corrupción del juramento hipocrático. En mayo de 1943, el doctor Ferdinand Sauerbruch, patrocinador de Mengele, escuchó una conferencia en la Academia Médica Militar, en la cual Karl Gebhardt y el doctor Fritz Fischer, su ayudante, disertaron sobre sus experimentos con gangrena gaseosa en prisioneros.

Un oficial de la SS describió así a Mengele:

“Estaba obsesionado por la creencia de que había sido elegido para descubrir la causa de los nacimientos múltiples y de muchas otras enfermedades y anormalidades, allí, entre aquellas paredes manchadas de sangre, donde permanecía sentado durante horas enteras, encorvado sobre sus microscopios. Era una imagen que deja muchas puertas abiertas”.

En 1944, Mengele deseaba un cambio: aunque estaba orgulloso de sus experimentos, pretendió ascender en el escalafón de las Waffen SS haciéndose evaluar por un inspector. El informe emitido por un coronel SS destacaba la personalidad, profesionalidad y celo del deber de Mengele, que lo ameritaban para un ascenso y un nuevo puesto. Sin embargo, por motivos desconocidos nunca se le reasignó desde Auschwitz-Birkenau.
Mengele hizo en una ocasión cargar un vagón de tren con unos cajones que los internos notaron "demasiado pesados para su volumen". Los cajones iban dirigidos a Günzburg y algunos internos dedujeron correctamente que los cajones contenían lingotes de oro, provenientes de las extracciones dentales de las víctimas del campo. Éste fue uno de los primeros indicios de que Mengele había presentido el fin de la Alemania Nazi.

El 26 de noviembre de 1944, Richard Baer, comandante de Auschwitz-Birkenau, recibió el extraño comunicado de desmantelar la instalación, decayendo el ritmo de exterminio del campo. La orden provenía directamente de Heinrich Himmler (quien después se suicidaría) y a muchos les causó sorpresa la situación.

Veintitrés días atrás, Mengele se había parado en la rampa de selección y había enviado su última redada a las cámaras. Para él la orden no causó extrañeza, pues suponía que Alemania perdía la guerra. Mengele abandonó de forma encubierta el campo el 17 de enero de 1945; diez días después, los rusos llegaron a liberar a los pocos que quedaban.

Josef Mengele abandonó Auschwitz y fue al campo de concentración de Gross-Rosen. En agosto de 1944 este campo fue cerrado. En abril de 1945 huyó hacia el oeste camuflado como un miembro de la infantería regular alemana con identidad falsa, pero fue capturado como prisionero de guerra, cerca de Nuremberg. Fue liberado por los aliados, que desconocían su identidad.
Durante los juicios de Nuremberg nunca se mencionó a Josef Mengele como genocida. Se han trazado muchas conjeturas sobre la huida de Mengele, en una incluso se le atribuye la ayuda de una muchacha judía, quien estaba enamorada de él desde Auschwitz, para su escape. Escapa gracias a la Operación Paperclip. Tras esconderse algún tiempo en Günzburg y luego en Baviera, Mengele partió hacia América del Sur, concretamente hacia Paraguay en 1949, donde muchos otros oficiales nazis huidos y ayudados por la organización ilegal ODESSA habían llegado y encontrado refugio. Irene no siguió los pasos de su marido y terminaron separándose.
















Campos de concentracion

 

GRRRRRRR no se agragaron las imagenes (una disculpa no tuve tiempo de checar)

Como demonio poderoso
levanto el vuelo desde las honduras de la noche.
Soy un médico hábil: las muertes que causo no tienen límite…”

Poema sobre Mengele escrito por un prisionero



Josef era el mayor de los tres hijos de Karl Mengele y su esposa Walburga (fallecida en 1946), unos acaudalados industriales de la ciudad de Günzburg (Baviera). Sus hermanos pequeños eran Karl y Alois. Mengele estudió medicina y antropología en las universidades de Munich, Viena y Bonn. Josef Mengele creció en Günzburg en medio de un ambiente de clase alta alemana, por lo que adquirió hábitos de caballero que, sumado a su buena imagen, atraían al sexo opuesto y le abrían muchas puertas en la sociedad alemana. Su padre, Karl, era industrial y se hizo rico. Josef adoraba a su madre entrañablemente, a pesar de ser muy severa y estricta; sin embargo, mantenía cierta distancia con su padre. Una característica física distintiva de Mengele era un notorio espacio interdental entre los dientes superiores frontales.

 

En 1933 su padre, quien era nazi acérrimo, ofreció su salón industrial a Hitler para que este pronunciara un discurso en Günzburg; por estos servicios, Karl Mengele recibió amplias facilidades económicas para hacer crecer su negocio. En Munich, Josef se doctoró en antropología en 1935 con una tesis doctoral acerca de las diferencias raciales en la estructura de la mandíbula inferior, bajo la supervisión del profesor Theodor Mollison. A continuación viajó a Frankfurt, donde trabajó como ayudante de Otmar von Verschuer en el Instituto de Biología Hereditaria e Higiene Racial de la Universidad de Frankfurt. En 1938 se doctoró en medicina con una tesis doctoral titulada Estudios de la fisura labial-mandibular-palatina en ciertas tribus.



Josef Mengele, a partir de las convicciones de Otmar von Verschuer, se convirtió en un antisemita acérrimo, convencido plenamente de la superioridad de la raza aria y con un absoluto desprecio por el judío. La vocación médica de Mengele estaba orientada al estudio genético-racial, más que a la medicina curativa. Josef, quien pertenecía a las juventudes hitlerianas, se incorporó a las SA en el momento que éstas estaban a punto de desaparecer como grupo armado, y tuvo que renunciar. Intentó incorporarse a las SS pero no tuvo un éxito inicial; debió intentarlo tres años después. Se casó en 1938 con Irene, una hermosa y educada dama de religión luterana (a pesar de que Mengele era católico) y tuvo un hijo llamado Rolph.
En 1932, a la edad de 21 años, Mengele se afilió a la Stahlhelm, Bund der Frontsoldaten, asociación nazi que se incorporó a la Sturmabteilung (SA) en 1933 y que Mengele abandonó poco después alegando problemas de salud. Se afilió al partido nazi en 1937 y en 1938 entró en la Schutzstaffel (SS). Entre 1938 y 1939 sirvió durante seis meses en un regimiento de infantería ligera de tropas de montaña. En 1940 fue destinado a la reserva del cuerpo de médicos, comenzando un período de tres años en el que serviría en una unidad Waffen SS, la 5ª SS Panzergrenadier Division Wiking. En 1942, en Rostov, resultó herido en una pierna en el frente ruso y fue declarado no apto para el combate. Gracias a su comportamiento brillante frente al enemigo en el frente oriental, fue ascendido al rango de capitán. Fue reasignado entonces como Lagerarzt, médico de un campo de concentración (KZ).

Descontando un breve período pasado en un hospital de Leipzig, donde cursó su internado, y su gira con la División Vikinga, Josef Mengele practicó muy poco la medicina en enfermos y heridos antes de llegar a Auschwitz. Las evidencias indican que allí no aumentó su experiencia clínica. Si Mengele hubiera estado interesado en el tratamiento de las enfermedades, Auschwitz le habría ofrecido una gran variedad de oportunidades. Para todo prisionero, la enfermedad implicaba un gran riesgo. Todo el que contrajera una dolencia grave o sufriera una herida que le dejara inválido se arriesgaba a la inmediata selección para una terapia de Zyklon B. Mengele fue enviado al campo de concentración de Auschwitz en sustitución de otro doctor que había caído enfermo. El 24 de mayo de 1943 se convirtió en el oficial médico del llamado campo gitano, una parte de Auschwitz-Birkenau. Consecuentemente, Mengele se convirtió en el oficial médico en jefe del principal campo de enfermería de Birkenau. Sin embargo, no fue el oficial médico en jefe de Auschwitz; por encima en la jerarquía se encontraba el médico de la fortificación, Eduard Wirt.

Fue durante su estancia de 21 meses en Auschwitz cuando el doctor Mengele alcanzó la fama, ganándose el apodo de "El Ángel de la Muerte". Cuando los vagones de tren repletos de prisioneros llegaban a Auschwitz II (Birkenau), con frecuencia Mengele esperaba en el andén junto a otros médicos para seleccionar a los más aptos para el trabajo y la experimentación, así como a quienes serían enviados inmediatamente a las cámaras de gas.


Muchos hombres de las SS, en los KZ, utilizaban su posición para explotar sexualmente a las prisioneras, a pesar de las estrictas órdenes de Himmler sobre las relaciones con judíos. Fania Fenelon, la cantante que escribió Playing for time sobre sus experiencias con la Qrquesta de Auschwitz, solía obedecer ocasionalmente la orden de cantar para Mengele en su alojamiento. Poco antes de morir, Fenelon habló de sus encuentros con el médico; su entrevistador quedó con la clara impresión de que ella estaba hablando de un antiguo amante. Constantemente circulaban rumores sobre las relaciones de Mengele con mujeres del campamento. Una de las candidatas preferidas era la guardia Irma Grese, de veintiún años, que formaba parte de su comitiva. Grese, una rubia de ojos azules, a la que muchos consideraban hermosa, se había formado como enfermera bajo las órdenes del doctor Kad Gebhardt, médico personal de Himmler y cirujano ortopedista; abandonó ese trabajo por un empleo en una granja, pero acabó enrolándose en las SS. Grese causó en sus superiores una impresión lo bastante buena como para que se la pusiera al frente de treinta mil mujeres. Como Mengele, se enorgullecía mucho de su aspecto físico y se acicalaba durante horas antes de presentarse con lo mejor de las ropas confiscadas. En otras ocasiones le encantaba pavonearse por el patio con sus botas altas, su pistola en la cadera y un látigo en la mano, Al parecer, le gustaba azotar a las mujeres en los pechos, exhibiendo una veta sádica de origen sexual. Muchos estaban convencidos de que Grese era lesbiana, pero otros la asociaban íntimamente a Mengele. Capturada por los británicos cuando liberaron el campo, Grese fue condenada por crímenes de guerra y ahorcada en 1945.

En esta primera etapa, Mengele se paraba en una rampa frente a las filas e indicaba con un gesto de la mano quién moría y quién vivía: a la izquierda iban las mujeres jóvenes y hombres de evidente buen estado de salud; a la derecha iban los ancianos, niños, mujeres embarazadas e incapacitados. Los que quedaban en la fila de la derecha iban directamente a las cámaras de gas. Los supervivientes de este campo que conocieron a Mengele lo describían como un oficial impecablemente acicalado, muy apuesto y perfumado, de gestos aristocráticos y poseedor de una extraña mezcla de condescendencia y una ferocidad morbosa ante el poder de decidir quién vivía o moría. Muy pocas veces, Mengele demostró humanitarismo respecto de alguno de los condenados, e incluso mató personalmente a algunos cautivos por desobedecer las reglas. Se llegaron a conocer casos de perversión sexual practicada con las mujeres de la fila izquierda, azotando los pechos con un látigo o realizando defenestraciones que invalidaban a las muchachas que, tarde o temprano, terminarían en las cámaras de gas.

El oficial del megáfono les explicaba que hombres y mujeres se separarían. Aquellos en condiciones de trabajar formarían una columna. Una segunda columna incluiría a los ancianos, los niños, las mujeres con hijos pequeños y todo aquel que fuera considerado demasiado débil para trabajar en pro del Tercer Reich. Esa segunda columna iría inmediatamente a las aldeas donde vivían los internos y organizarían las labores domésticas. Todo era parte de la complicada ficción que se mantenía en los KZ. Los que no eran considerados aptos para el trabajo iban directamente a las cámaras de gas, deteniéndose sólo para desvestirse. Ni siquiera se registraba su llegada a Auschwitz; los funcionarios del campamento desconocían sus nombres y sus lugares de origen.
Naturalmente, el sistema requería de un médico que juzgara quién estaba en condiciones de trabajar como esclavo y quién debía ir directamente a la muerte. El doctor Josef Mengele comenzó a desempeñar ese papel en mayo de 1943, casi inmediatamente después de su llegada. Los testigos declararon haberlo visto cumplir con esa función por lo menos setenta y cuatro veces. Es muy posible que haya estado junto a las vías en muchas ocasiones más, pero quienes allí lo vieron murieron.
De cualquier modo, varios supervivientes ofrecen vívidos recuerdos de Mengele como seleccionador de los recién llegados. El día en que Miklos Nyiszli, patólogo húngaro, vio por primera vez la luz de Auschwitz, reparó en “un joven oficial de las SS, de impecable uniforme, con una escarapela de oro adornando su solapa y las botas bien lustradas”. Cuando Nathan Shapell bajó a tropezones del tren, en 1943, vio a “cientos de hombres de la Gestapo y de las SS que les esperaban. Nos recibió un hombre a quien pronto conocí como el doctor Mengele, el Carnicero. Al acercarse la columna a los oficiales, ésta se reducía a una fila india para pasar delante de ese monstruo inhumano, que estaba con otras personas en una pequeña plataforma situada encima de nosotros, levantando la mano con el pulgar extendido y moviéndola hacia delante y hacia atrás. Nos hacían desfilar como a un rebaño, golpeándonos para que nos moviéramos cada vez más de prisa. En ese momento no sabía lo que significaba el movimiento de su dedo, pero pronto fue obvio. Una fila, a la izquierda, era de hombres y mujeres jóvenes. Los de edad mediana, los enfermos, los ancianos y los niños iban hacia la derecha”.
“Nos descargaron en Auschwitz”, declaró Elizabeth Mermelstein, proveniente de Checoslovaquia, “y allí estaba el famoso doctor Mengele, diciendo: izquierda, derecha, izquierda, derecha. Había montones de judíos que nos aconsejaban qué hacer. Pero estábamos completamente desconcertados. Las madres corrían tras sus hijos. Los hijos corrían tras los padres. Yo iba corriendo tras mis padres cuando Mengele dijo, en alemán: 'A ver, gordita, tú puedes ir a trabajar. Eres bastante joven'. Nunca olvidaré eso. Tres veces corrí hacia mis padres y las tres él me hizo volver. Mi hermana estaba conmigo. Se llevaron a sus hijos. De pronto, increíblemente, oímos música. ¡Un vals de Strauss! Los sonidos cadenciosos surcaban el aire gris y oscuro de la mañana. Tranquilizantes. Reconfortantes. La alegre melodía nos hablaba de la vida que habíamos conocido y prometía un futuro. Un oficial de las SS, alto y apuesto, caminó junto a nosotros, yendo y viniendo, inspeccionándonos. Era Mengele, en busca de un intérprete. Descubrió que yo hablaba alemán, además de mi lengua materna, y me reclutó, indicándome: ‘Haz la misma pregunta a todos los adultos: ¿Cuántos años tiene? Pregunta en húngaro y dímelo en alemán’. Un anciano barbado ocupaba la cabeza de la fila. Dijo tener setenta y dos años, y le repetí su respuesta a Mengele en alemán. El doctor movió un dedo. Un oficial de camisa parda, que estaba a poca distancia, empujó al viejo en la dirección que había señalado el médico. Luego apareció una madre con un bebé en brazos. Tenía veintidós años, y Mengele señaló con el dedo hacia la derecha, el mismo rumbo seguido por el anciano. Después venía una criatura de tres años a la que su madre había logrado mantener limpia; llevaba pantalones de deporte y zapatos de charol negro. Hersh la reconoció como Sofie. La niña parloteaba acerca de un abundante desayuno. Mengele preguntó su edad. La madre, enferma y fatigada, se presentó a continuación; tenía veintitrés. Mengele envió a Sofie y a su madre hacia la derecha. A la niña se le cayó su perro de peluche y quiso volver a buscado, pero un soldado la pinchó con un arma y apartó el peluche de una patada. El padre de Sofie, el siguiente en la fila, levantó la voz: ‘No importa; yo le llevaré el perro’. Mengele pidió silencio. Al saber que el hombre tenía veintinueve años, lo envió a la columna de los aptos para el trabajo. El hombre protestó, diciendo que deseaba estar con su familia. Un soldado le dijo que los vería más tarde; los hombres debían desayunar en una barraca distinta. El padre se opuso. Entonces el soldado levantó su arma. El padre, aún ignorando el significado de la selección, ocupó su lugar en la fila de la izquierda”.
Durante toda la mañana, Gizelle Hersh formuló la misma pregunta a todas las personas. Una muchacha de quince años, asignada a la columna de trabajadores, preguntó si podía acompañar a sus padres en la de la derecha. Mengele, encogiéndose de hombros, la dejó ir hacia una rápida muerte. Mientras su propia familia se acercaba a la cabeza de la fila de inspección, Hersh trataba de descifrar el significado de las dos columnas. Había notado que todos los niños, como su hermana Katya, que tenía doce años, eran enviados a la derecha, “hacia la fábrica, con su gruesa humareda gris, que escupía continuamente hacia el cielo cubierto. También los ancianos iban en esa dirección. Eso podía significar, por supuesto, que la gente enviada hacia la derecha no necesitaba trabajar”. Eso parecía tener sentido, pues se ajustaba a la promesa que Adolf Eichmann había hecho a los contingentes húngaros en el momento de partir. Pero Hersh estaba intrigada por el destino de las mujeres mayores de treinta y cinco años. Aunque muchas eran aptas para el trabajo, las enviaban hacia la derecha y la madre de Hersh tenía treinta y cinco años. Cuando aparecieron sus hermanas, les indicó por señas que no dieran muestras de conocerla. Agregó un par de años a la edad de cada una, para que hasta la menor figurara como de quince. Todas las muchachas y su hermano fueron encaminados hacia la izquierda. Entonces se presentaron sus padres. Gizelle Hersh restó un año a la edad de su madre, presentándola como de treinta y cuatro, y cinco a su padre, para anunciarlo como de cuarenta y nueve. Su madre le dijo: “Gizeka, papá y yo estamos juntos”. “La mujer quiere ir con su esposo”, dijo Hersh a Mengele. El dedo se movió ásperamente. Sus padres, de la mano, caminaron en dirección a la fila destinada a la fábrica. Ella jamás volvió a verlos.
Mengele no usaba un gorro rígido formal, sino uno blando, con la insignia de la Cabeza de la Muerte. Llevaba una cruz al cuello y, en el cinturón, un lema: "La muerte con la bendición de Dios”. Un prisionero recordaba: “Mengele era un Doctor en Filosofía, un Doctor en Medicina, un hombre que disfrutaba con la música y la poesía, y su mejor arma eran sus modales. Lograba que la gente hiciera cualquier cosa con su actitud de persona decente. Te desarmaba totalmente. No se podía creer que estuviera mintiendo, pero mentía sin cesar. Actuaba sobre la base de que, si uno da los buenos días a un prisionero, está demostrando ser buena persona”. En un ambiente de violencia diaria, aplicada por soldados y guardias que no veían la utilidad de enmascarar su personalidad, la actitud de Mengele resultaba comprensiblemente efectiva

“Cuando uno veía a una persona con una cara fea, con unos ojos redondos y pequeños y de mirada dura, trataba de escapar a las barracas. Mengele, en comparación, parecía tan apuesto que, cuando lo veíamos, casi sentíamos el impulso de correr a la puerta para saludarlo”. Una prisionera coincide en que Mengele calculaba fríamente los efectos de sus modales. “Todo era parte de su diabólico método para hacemos confiar en él, una y otra vez. No sólo nos mataba, sino que nos torturaba psicológicamente. Yo era música, al igual que mi esposo. Nuestro hijo dio su primer concierto a los diez años. Para mí, la música era algo especial, casi sagrado. Mengele nos tenía de pie durante una selección, mientras la orquesta tocaba un alegre vals vienés. Y cuando la orquesta comenzaba a tocar piezas de Bach, sabíamos que era el momento en que se encendían los hornos crematorios. Eso te marca para siempre y no vuelves a soportar escuchar algo que fue para ti tan amado”.
“A Mengele le encantaba presentarse ante nosotros, con su olor a jabón perfumado, tan elegante, tan apuesto, con aquella camisa de un bello color. Algunas muchachas me decían: ‘Me encantaría pasar la noche con Mengele’. Era otro modo de volvemos locas. Había que estar loca para oler el crematorio y considerar atractivo a ese individuo, para sentir ganas de pasar la noche con él. Conocía la actitud de las mujeres. Nos llamaba ‘sucias prostitutas’. Nosotras olíamos a orina, a heces y a hambre; él disfrutaba humillándonos, reduciéndonos a ínfimos animales”.
Hasta los otros hombres de las SS temían a Mengele. Marc Berkowitz contaba cómo se comportaba el doctor Heinz Tilo ante la mera amenaza de Mengele:
“Tilo trataba de copiar a Mengele. Creó un cortejo para sí y trataba de desarrollar proyectos de investigación como Mengele. Le tenía mucha envidia. Cierta vez, Mengele abandonó el campamento durante varios días y me dio instrucciones de que nadie tocara nada en su zoológico durante su ausencia. Tilo trató de hacer una selección entre nosotros y tenía intenciones de incluirme. Uno de los prisioneros dijo que había llegado el momento de rezar. Yo recobré el uso de la lengua y dije a Tilo que el doctor Mengele me había encargado de cuidar sus registros mientras él no estuviera. Tilo, al oír su nombre, olvidó la selección. El nombre de Mengele era un santo y seña para nosotros; una palabra sagrada”.
Hacia octubre de 1943, los ejércitos de Benito Mussolini se habían rendido; incluso el dictador había huido a la seguridad del norte. Los soldados de las SS y el resto de la policía fascista gobernaban la ciudad de Roma. En una fiesta sabática de ese mes, una redada de judíos despachó a Auschwitz a unas mil personas. Hasta el comandante Hoess estaba junto a las vías para saludar al contingente italiano. Se decía que los romanos eran gente de gran fortuna, que vestían pieles y lucían joyas, y sus mujeres se ataviaban a la moda. Satisfecha la curiosidad por esos seres exóticos, los nazis se dedicaron a su tarea, vociferando órdenes a los recién llegados. Cuando resultó obvio que no comprendían las instrucciones, Mengele preguntó si alguien podía servir de intérprete. Un tal Wachsberger se ofreció como voluntario:

“Me ordenó decir que las ancianas y las mujeres con hijos pequeños serían puestas en camiones para viajar hasta el campamento, que estaba a diez kilómetros de distancia. Los jóvenes permanecerían atrás y harían el viaje a pie. Si alguno de ellos se sentía cansado y no deseaba caminar tanto (Wachsberger recuerda que había unos cuatrocientos cincuenta jóvenes físicamente capaces en ese contingente) también podían viajar en los camiones. Unos trescientos eligieron viajar en camión. Y murieron por eso”.
“Tenía modales elegantes y un porte tranquilo que casi siempre lindaba con la presunción y también con el extremo del encanto. Mientras distribuía a los prisioneros entre derecha e izquierda, silbaba un aria de Wagner. Yo quería ir en los camiones, porque mi esposa y mi hijo estaban entre los pasajeros, pero cuando iba a subir se me acercó Mengele y me bajó de un tirón, diciendo: ‘Tú te quedas con nosotros, porque te necesitamos como intérprete. Cuando llegues al campamento encontrarás a tu familia’. Sin embargo, llegamos al campamento tras sólo diez minutos de caminata. No había diez kilómetros de distancia
Con los cráneos afeitados, números tatuados en los brazos, bañados con una ducha fría y un rocío desinfectante que provocaba escozores, Wachsberger y sus compatriotas vieron la muerte rápida y violenta en su primera jornada en Auschwitz. Un prisionero fue fusilado por no avanzar con suficiente celeridad; otro que cayó al suelo, agotado, fue golpeado hasta morir en el mismo sitio. Otro, en su desesperación, se arrojó contra la cerca electrificada. “Los prisioneros judíos más antiguos decían: ‘Sus familias están en esos sitios donde brota el humo’. Nosotros no queríamos creerlo. Otros prisioneros dijeron que nuestras familias sólo habían ido a una zona e desinfección, para ser llevados después a los campamentos familiares. Nosotros deseábamos creer que habían ido a los campamentos familiares”. Mengele llamó a Wachsberger para charlar varias noches. “Quería saber qué había pasado en Italia tras la caída del fascismo. Se mostraba ansioso y lleno de curiosidad; le dije cuanto sabía. Cuanto más le contaba, más detalles pedía él. Bebía mucho vodka y, con frecuencia, estaba bastante ebrio”. Wachsberger interrogó a Mengele sobre los trescientos jóvenes competentes a los que había instado a coger el camino de las cámaras de gas. “Quien no es capaz de caminar diez kilómetros tras pasar cinco días en un tren, no puede hacer el trabajo que necesitamos aquí”, respondió el médico. Wachsberger llegó a la conclusión de que Mengele actuaba por cuenta propia, al menos en parte, sobrepasando los límites fijados por Himmler, quien deseaba una abundante mano de obra esclava. Por lo común, la cuota de supervivientes entre los pasajeros desembarcados iba del veinte al veinticinco por ciento, pero en algunos casos un ochenta o noventa por ciento iban directamente a la muerte.
Los trenes, con su carga humana, llegaban tres o cuatro veces al día y durante la noche. Teóricamente, la tarea de la selección tenía que dividirse por igual entre los médicos del campamento. Sin embargo, Mengele cumplía esas funciones con mucha más frecuencia de la que le correspondía, probablemente con la bendición de otros médicos, a quienes la tarea no resultaría tan cómoda. “Infatigable”, es la palabra que utiliza un sobreviviente para describir la devoción de Mengele por esa selección. Insiste en que Mengele participaba en esas selecciones “siempre, día y noche”. Mengele, por su parte, se ponía violento cuando se interrumpía el proceso de selección. Alguna vez vio a un anciano que, a pesar de haber recibido la indicación de ir hacia la fila de la muerte, echó a andar hacia el otro grupo, donde estaba su hijo, calificado para trabajar. Furioso, Mengele cogió una gruesa cachiporra y la descargó contra el cráneo del viejo. El culpable, que ni siquiera había tenido conciencia de su débil intento de evitar la cámara de gas, cayó muerto.
Tras golpear en la cabeza en repetidas ocasiones a una judía que intentaba escaparse, le gritó: "Quieres escapar, ¿no? No puedes escapar. Vas a arder como las otras. Vas a asarte, sucia judía”. Lo último que vieron otras prisioneras fue su silueta desnuda, desamparada, caminando rumbo a las cámaras de gas, con la cabeza convertida en una bola sangrienta por el ataque de Mengele. Poco después vieron al médico en el hospital, silbando mientras se lavaba las manos ensangrentadas con jabón perfumado. El ataque de Mengele no demostraba solamente su rápido enojo, sino también su dedicación al papel de seleccionador. Quien desafiara sus derechos se arriesgaba a su furia. Disfrutaba de ese trabajo por el poder de otorgar la vida y sentenciar a muerte que le daba.

May 27

Super Mengele

No se porque pero tuve que hacer una investigacion del ser mas genial de la medicina (a mi gusto) solo se que esto es lo que encontre

Nació en una respetada familia católica bávara. Amaba el arte y la música, e hizo el juramento hipocrático de sanar a los enfermos y de no entrar a una casa sino para sanar a sus pacientes. Eso fue lo que juró. Lo que hizo: torturar, deshumanizar y masacrar. El Doctor Mengele envió a cientos de miles de inocentes a la muerte en los campos de concentración nazi, donde era conocido como "El Ángel de la Muerte". ¿Qué sistema social, jurídico y político pudo crear a un hombre como Josef Mengele? Un médico responsable de seleccionar a miles de judíos para primero experimentar y luego exterminarlos en los campos de concentración de Auschwitz. Un hombre que realizaba los más dolorosos experimentos sobre gemelos, con la esperanza de descubrir el secreto de los nacimientos múltiples, para así crear genéticamente la Súper Raza Aria que dominaría al mundo durante los mil años que, según Hitler, duraría el Reich.

Para tratar de comprender la personalidad de Mengele y develar sus malignos impulsos, debemos ver cómo era el mundo el 11 de marzo de 1911, día en que nacía el Ángel de la Muerte Josef Mengele, el médico macabro de Auschwitz.

La Alemania que vio nacer a Josef se encontraba al filo de la Gran Guerra de 1914. Mientras su padre Karl prestaba servicio militar en el frente, su madre Volgoria controlaba el negocio familiar de venta de implementos agrícolas, y criaba a sus tres hijos: Josef, Karl y Hallois.

La guerra terminó en 1918 con la derrota de Alemania y el humillante Tratado de Versalles, que redujo el territorio y el poderío militar germano. Pero la ética germana para el trabajo no se extinguió, y en pocos meses Alemania era una nueva nación. Karl Mengele regresó a reconstruir su empresa en Gÿinzburg, e hizo de ella la más grande en la región, y a su familia una de las más respetadas en Bavaria. Aún hoy se los respeta, a pesar del infame criminal de Auschwitz.

Karl Mengele pasaba poco tiempo en la gerencia de su planta, sus horas transcurrían en el laboratorio, inventando máquinas que permitieran automatizar todas las labores agrícolas. En cierta forma compartía con su primogénito el gusto por la investigación, quien la pondría en práctica años más tarde en los campos de Auschwitz, inclinado sobre los microscopios, silbando una tonada familiar, y perdido en la macabra pasión de su proyecto de investigación.




http://lacomunidad.elpais.com/blogfiles/illya-alvarado-apuntes-de-fotografia/jan_sudek_animals.JPG

 



Las investigaciones de Mengele tenían un fin claramente demarcado: lograr la absoluta perfección de la raza aria y asegurar su reproducción. Es por ello que intentaba descifrar los secretos de los nacimientos múltiples. Cuando se sabía que tocaba el turno de las rondas de Mengele, la tensión invadía por igual a prisioneros, guardias y doctores de la SS. Todo el mundo se aterrorizaba cuando comenzaba a revisar a los recién llegados, en su frenética búsqueda de gemelos. Cuando él llegaba con su terrible voz, los guardias nazis se aterrorizaban, y eso aterrorizaba aún más a los judíos. Mengele siempre se presentaba con su uniforme impecable y sus botas de cuero perfectamente lustradas, muy elegante, como un caballero refinado y aristocrático, caminando como si fuera dueño del universo, absolutamente seguro de sí mismo, mirando a los ojos a cada uno de los recién llegados. "Lo veíamos vestido inmaculadamente, con un par de guantes de cuero en una de sus manos, y con un pequeño látigo para cabalgar en la otra. La relación entre "sujetos" y "amo" es muy difícil de explicar, y aún luego de haberla vivido, no puedo explicarla" (Eva Mozes Kor).

Mengele sabía el efecto que causaba en las mujeres, y calculaba perfectamente sus ademanes para lograr el resultado deseado. Gissela Weird, una doctora judía prisionera, recuerda: "Mengele se deleitaba presentándose ante nosotras, exquisitamente perfumado... tan elegante y atractivo... Vestía hermosas camisas de color azul. Muchas mujeres decían: “me encantaría pasar la noche con él”. Era su forma de hacernos enloquecer: se debe estar loco para respirar el humo de los crematorios, y seguir viendo en él a un hombre tan atractivo como para pasar la noche".

En otras ocasiones, su lado oscuro surgía descontrolado. Un sobreviviente lo recuerda ejecutando a un joven de 17 años, por robar carbón. Mengele le disparó en ambas rodillas, luego lo tomó del cabello y le disparó en la cabeza. "Robar está prohibido, y ustedes deben respetar las reglas de este lugar" dijo, para luego salir caminando como si nada hubiera ocurrido.

A excepción de ocasionales visitas, Irenna Mengele no convivía con su esposo. Auschwitz era muy poco cosmopolita para ella, por lo que es dudoso que conociera cabalmente lo que ocurría, como así también que Mengele le hubiera sido fiel durante su estadía en el campo. "Mengele gustaba seleccionar las más bellas mujeres judías para pasar sus horas libres. Las hacía pasar una bella noche, tocando el piano. Pero en todos los casos, por la mañana, las mataba" (Siegfried Halbreich, sobreviviente). Mengele era un excelente pianista. Incluso se conoce una grabación suya, cantando y tocando. A menudo, tocaba para los invitados, mientras las notas se paseaban, macabras, por el campo, hasta el amanecer.

¿Estaba Mengele loco, o sufría otro desorden mental? ¿Acaso la búsqueda de los secretos genéticos humanos, destruyeron todos los restos de conciencia en él? Las opiniones varían, pero algo es seguro: Josef Mengele fue la personificación del peor demonio. Se convirtió en un verdadero símbolo del terror nazi. Es absolutamente imposible leer la acusación hecha contra él en la ex Alemania Oriental, que describe cabalmente sus atrocidades, sin siquiera dejar caer una lágrima. "Fuimos completamente sobrepasados por su monstruosidad" (Eli M. Rosenbaum, director de la Oficina de Investigaciones Especiales del Departamento de Justicia del Gobierno de los Estados Unidos). Lo más importante es ver que su mente operaba como la de un científico, concentrándose en sus estudios y experimentaba dejando de lado los sentimientos. "Realmente no pienso que Mengele tuviera remordimientos por lo que hacía. Pienso que en su mente de científico, justificaba lo que hacía. El nos inyectaba hasta cinco inyecciones juntas, para ver qué pasaba. Muchas veces uno simplemente se moría. No teníamos idea de qué eran esas inyecciones" (Eva Mozes Kor). Mengele inyectaba en las venas toda clase de substancias, como fenoles, cloroformo, nafta, insecticidas... Algunas veces, directamente en el corazón. El mataba a los objetos de sus experimentos para hacerles autopsias. Hacía vivisecciones, para estudiar los límites de resistencia a los traumas y el dolor en los seres humanos. Una vivisección, es lo mismo a hacer la autopsia en un ser vivo. De más está decir que lo hacía con la persona consciente y sin anestesia... Obviamente, nadie sobrevivía. De esta forma, los experimentos de Mengele cobraron hasta 60 víctimas diarias.

Demente o no, los experimentos de Mengele llegaron a su fin. El invierno se acercaba y el Ejército Rojo avanzaba hacia el campo de muerte. El 26 de noviembre de 1944, Einrich Himmler, máximo jefe de las SS, telegrafió a todos los Comandantes de Campo ordenando suspender las muertes. Así comenzaría la huida de Mengele, desde Auschwitz hacia una vida de constante tortura.




http://static.pagina12.com.ar/fotos/radar/20050410/notas_r/enanos2.jpg


Impunidad



Las recompensas ofrecidas por Alemania, el Centro Weisenthal e Israel para su captura, sumaban US$ 3,4 millones, cifra que hoy en día debiera ser multiplicada por doce, una suma impresionante, pero que no dio resultados. En junio de 1985, la noticia del descubrimiento de la tumba de Wölfgang Gërhard recorrió al mundo. Los restos que habían permanecido bajo tierra desde 1979 fueron exhumados. El equipo forense concluyó que eran los restos de Josef Mengele, el nazi más buscado desde la Segunda Guerra. Si esto era cierto, ¿cómo fue su vida desde su huida del Paraguay en 1960, hasta su presunta muerte en 1979? En Brasil fue puesto en contacto con refugiados bávaros, todos ex pertenecientes al movimiento nazi que se habían refugiado en Brasil luego de la guerra. Ellos se alegraron al encontrar a Mengele en la frontera, donde lo instruyeron sobre su nueva "identidad". Se disfrazó como un suizo de apellido Stammer, comerciante de implementos agrícolas. Una familia adoptiva que verdaderamente llevaba el apellido Stammer, lo estaría esperando. Además, fue entrenado para mantenerse anónimo, ocultarse y a quiénes recurrir si alguien intentara detenerlo.

Mengele pasó dieciséis años viviendo con los Stammer en una granja cercana a Sâo Paulo, adquirida por la firma alemana Mengele. En 1976 la convivencia con sus familiares adoptivos se tornó imposible, por lo que solicitó una nueva familia. Peter y Geza Bossert se ofrecieron para acoger a Mengele en su hogar, donde permaneció hasta su muerte. Según testigos, Mengele pasaba sus horas construyendo botes y jugando con los hijos de sus anfitriones. Su temor a ser atrapado crecía, y siempre dormía en su pequeña y oscura habitación, con una pistola al alcance. En 1976 recibió la visita de su hijo Rolf, quien luego declararía para una revista alemana "Mi padre asegura que nunca hizo algo incorrecto en Auschwitz. Dice que sólo seleccionaba prisioneros para trabajar, y nada más. Odio lo que hizo, pero es mi padre, y quiero creer en él".

Anotaciones del Doctor Mengele: Gemelos Húngaros




El tren llegó muy temprano esa mañana. Se me reportó que más gemelos habían sido encontrados. Como de costrumbre solicité se les condujera lo antes posible al bloque experimental. Ahí constaté que se trataba de unos hermanos húngaros. Mis ojos parecían curvarse sobre ellos. Apenas podía contenerme mientras los guíaba hacia el cuarto de examinación.

De pie frente a mí, se me figuraban unos diminutos dioses que exigían con atención ser contemplados. Minutos más tarde reingresaron bañados y desnudos a la sala. Algo más sereno tomé registro cuidadoso y específico de sus medidas, ningún detalle podía ser omitido. La anotación textual es la siguiente: ” Edad 14 años, procedencia húngara, sexo masculino. Apariencia; extremadamente atlética y hermosa. Abundante vello corporal que conservarían durante la primera etapa”

Concluido lo anterior encargué a mis ayudantes su cuidado. La indicación era clara:

los gemelos permanecerían bien alimentados e intactos por algun tiempo

Durante los siguientes días, al finalizar mi jornada, pasaba a saludarlos y a platicar con ellos: les preguntaba si estaban siendo bien atendidos. Mientras respondían, no podía dejar de pensar en lo encantadores que me resultaban.

El día 12 fueron radiografiados totalmente. Ya había establecido lo que sería la segunta parte de la examinación: Introducir tubos a través de sus narices hasta alcanzar los pulmones. Al tiempo que eran ventilados con un gas que los forzaba a toser violentamente. El esputo desprendido se extraería para ser analizado.
textoalternativo Se les fotografió por varios días. El propósito de dichas imágenes era evidenciar el hallazgo de alguna variación en los patrones del pelo. Para ello, se les mantenía por horas parados, invertidos o en genuflexión, de este modo, se ampliaba a través de las posiciones el espectro en que el vello de brazos, genitales y el resto del cuerpo era fotografiado.

La última prueba se realizó en la madrugada del día 15. Fueron despertados y llevados a un pequeño cuarto provisto solo con una tina en su centro. Entonces los obligué a hundirse en el agua que estaba muy caliente. Sus alaridos eran atroces e impedían que me concentrara. Por lo cual decidí atarlos con correas a una tabla. Una vez paralizados cada pelo de su piel fue arrancado de raíz , se necesitó meterlos dentro de la tina al menos 5 veces. Luego que gran parte del pelo había sido recogido, di instrucciones para que se les afeitara completamente.

Por medio de enemas de dos litros que les causaron mucho malestar se logró una hiperactividad digestiva. Se les mantuvo atados todo el resto del día mientras se sucedían múltiples evacuaciones, las que descendían a través del recto distendido. Al ser hecho el procedimiento intestinal sin anestesia, los gemelos gritaron tan ruidosamente que se hizo inevitable tener que amordazarlos. Lo último fue una examinación urológica que les produjo un dolor tan intenso que terminaron por sumirse en una especia de fátiga y sopor profundo. El tejido fino fue tomado de sus riñones, próstata y testículos. Varias muestras de semen se incluyeron también en este control.

Después que todos los datos y pruebas se habían llevado a cabo determiné su extinción con una sola inyección de cloroformo, asegurándome al igual que en los casos previos, que su muerte se produjese al mismo tiempo. Tras ser disecados envié sus órganos al centro de investigación racial y evolutiva biológica ubicado en Berlín, desde donde espero se me informe sobre los avences en mi trabajo

April 27

segundo capitulo

Un lindo Gatito

 

Bakura caminaba camino a la biblioteca después de clases habían pasado algunos días desde el juego de Jou, no sabia porque se animo a jugar si ni siquiera conocía a Jou, alguna vez cruzaban palabras, solo intercambiaban miradas, pero bueno era divertido y simpático. Caminaba sonriente, cuando vio salir del gimnasio a un tipo enorme que a veces lo molestaba, pero esta vez no le presto atención parecía que ahí dentro tendría a su victima perfecta. Pensaba ayudar pero en eso vio entre los edificios al gatito mas lindo que había visto, era negro de pelaje largo, en su pecho tenia una linda mancha blanca a modo de pañuelo y sus ojos eran como esmeraldas, Ya se conocían hace algunas semanas, lo había encontrado en los jardines y vivía en el gimnasio hasta saber si se lo podría llevar, ese día en particular lo veía mas limpio. Caminaron en silencio tratando de no ser notados, cosa fácil para dos gatos. Dio una mirada al interior y ahí estaba Jou lavando los uniformes de uno de los clubes deportivos, no pensó que el tuviera ese tipo de problemas, el era fuerte y sabia defenderse, lo veía tranquilo tan solo obedeciendo mientras lo presionaban.

-Vamos inútil debes lavar 30, solo llevas 15.

-No molestes, todavía que me obligas debo soportar que desquites las frustraciones que tienes con tu entrenador con la gente que te rodea.

-Eso no te interesa, además yo te hago el favor a ti, prometí no hacerle nada a tus seres queridos si me obedecías.

-Y que pasa si de nuevo me niego tratando de defenderlos.

-Tendré que recordarte que eres inferior y que si acabaras conmigo el equipo te acabaría.

Gruño volviendo al trabajo, el resto del equipo volvió un rato después así que Jou fue a oír lo que decían ya que se mencionaron los uniformes. Al terminar la junta Jou ya no trabajaba sonreía satisfecho.

-Que no te dije que tenías que terminar de lavar.

-Por ahí oí que ese es tu trabajo y que el equipo quiere que lo hagas tú, así que porque no lavas y yo te veo

-¡Vago asqueroso tus seres queridos sufrirán junto contigo!

-Yo creo que no....veras lo que me detenía de dañarte era tener al equipo detrás, pero ellos te odian mas que yo....y sabes no eres tan fuerte así que yo me largo-se dio la vuelta yendo hacia la puerta lo que molesto a su bravucón lanzando un golpe por la espalda que Jou bloqueo sin problemas levantando el brazo sin siquiera voltear a verlo dejándolo en el piso

-No te dijeron que nunca ataques por la espalda, eso es de cobardes siempre debes estar seguro que tu victima sabe que la vas a atacar-Lo levanto del piso golpeándole el rostro con toda su fuerza dejándolo de nuevo en el piso, se acerco planeando patear su cabeza pero se arrepintió de la violencia que estaba usando.

-No se porque me rebajo a tu nivel, se que todos te odian pero por si las dudas explicare porque te dejo así –Tomo una hoja y dejo una nota sobre el cuerpo inconciente “Estoy arto de hacer el trabajo de este inútil, no es milagro que se haya vuelto tan bueno....ATTE  el esclavo que renuncio”

 

Bakura estaba algo impresionado, no sabia hacia donde ir cuando empezaron a escuchar gruñidos, la jauría salvaje de la escuela los rodeaba, el pequeño gatito salio huyendo hacia adentro mientras el se quedaba paralizado viendo a los perros pasar. Al pasar unos segundos recupero sus movimientos corriendo por el gato, que brinco cerca de donde estaba Jou. Enseguida entraron los perros deteniéndose al verlo, se acercaron y quedaron quietos esperando su orden, el gato decidió moverse lo que hizo reaccionar a los perros frenados por las órdenes del macho alfa.

-Quietos amigos, el no es una amenaza ni una presa es un compañero-Se acerco a la jauría recibiendo lamidas y olfateadas igual que el gato.

Los sentidos de Jou estaban algo desarrollados eso le permitió “Olfatear” a Bakura que trataba de huir.

-Calma tu también, puedes entrar....El gato es tuyo?

Camino paralizado recibiendo las miradas de aproximadamente 10 perros esperando una señal para atacar.

-No temas esque te tienen miedo, son inofensivos, si no los atacas

-C....como los dominaste

-¿Dominar? Solo me acerque a ellos y desde entonces me siguen.... ¿y el gato es tuyo?

-Aun no, esque ya tengo varios en casa estoy consiguiendo el permiso o quien se haga cargo de el.

-Es muy lindo, quisiera tener también donde cuidarlo....Puede seguir quedándose aquí, le construiste un buen hábitat.

Capitulo 1 del fic

Este fic sera algo inocente Advertencia pude tener  situaciones heterosexuales gente sencible cambie de capitulo al encontrarse en esa incomodidad, por lo pronto sera lindo e inocente

 

El Cumpleaños de Joey

 

Después de tantas batallas era reconfortante llegar con calma a la escuela y rea extraño encontrar a tantos enemigos en la escuela, al menos para las cuatro místicos amigos, Kaiba, Bakura y Duke, a veces era incomodo encontrarse en los pasillos y trabajar en equipos pero era bueno no pelear con ellos, eso decía Jou que tenia la mala suerte de toparse seguido con Kaiba, los insultos no habían cambiado pero no había tanta tensión.

 

Una mañana Yuugi siempre preocupado veía a Jou dormir entre clases se veía mas cansado y sucio pero no se atrevía a preguntar además no le diría la verdad así que desvió la mirada y vio en la puerta del salón la pizarra de cumpleaños del grupo, estaban remarcados los correspondientes al mes pero noto algo curioso había 2 espacios en blanco uno era el de Kaiba y el otro de Jou quizás por tener un pretexto se acerco a Kaiba quien trabajaba sin levantar los ojos de la pantalla, tímidamente toco so hombro para llamar su atención:

-K…Kaiba-kun…como asistente de la jefa de grupo quería preguntarte algo importante.

Sin levantar la vista ni dejar de teclear solo se burlo-Asistente…si…claro…tan solo eres amiguito de esa niña mandona

-Bueno…si…pero me gusta ayudarla con sus deberes…solo quería preguntarte tu cumpleaños para anotarlo en la pizarra

-Para que? Para tener aduladores molestándome cuando venga ese día a la escuela

Yuugi apenado se sonrojo tenia que convencerlo y Jou rió por lo bajo…que estaba oyendo la conversación.

-Solo es un requisito puedes aclarar que no quieres regalos solo podríamos felicitarte…por favor… todos estamos ahí y tienes que participar en algo con el grupo, no estuviste cuando se eligió a Anzu como jefa ni cuando preparamos los festivales ni cuando….

-Ya entendí…esta bien te diré pero deja de hablar….es el 25 de octubre

-Gracias trataremos de no incomodarte-Se alejo sonriendo y escribió la fecha en la pizarra…solo faltaría Jou lo vio dormido se veía cansado seria mejor no molestarlo, se sentó y segundos después entro el maestro.

 

Dando una vista general del salón el maestro se sintió ofendido y molesto, solo estaba la mitad del grupo Anzu y Honda aun platicaban en un rincón Bakura y Yuugi miraban por la ventana pensando quien sabe que Kaiba terminaba su tan preciado informe y Jou dormía prácticamente roncando…golpeo un par de veces el escritorio pera llamar su atención pero solo Yuugi y Bakura reaccionaron así que empezó a pasar  mesa por mesa exigiendo atención y la tarea: Anzu se apresuro a sentarse y sacar su tarea igual que Honda así fueron entregándola hasta que llego con Kaiba quien gruño apagando su laptop y sacando la tarea esto despertó al fin a Jou quien saco su tarea antes de que se la pidieran, al final de la hoja había unas manchas bastante raras eran entre rojo y púrpura Al notarlas se apresuro a limpiarlas maltratando su tarea pero dejándola lista cuando el maestro la pedía, la mayoría vio todo esto Jou ya no era tan cuidadoso como creía.

 

Anzu no tenia mucho interés en llenar el espacio así que Yuugi se acerco a Jou sonriéndole de cerca.

-Jono-kun estas bien hoy has dormido mucho

-Estoy bien solo tuve una mala noche, tu estas bien? Te ves algo agitado

-Esque estaba viendo que en la pizarra de cumpleaños no esta el tuyo y ahora que lo pienso nunca me lo dijiste

-Esque no es algo importante y yo no celebro mi cumpleaños

-Pero celebras el de los otros…paso algo malo ese día? Es el día que naciste eso es importante

-Yo quite mi fecha de la pizarra, no quiero que te molestes solo no creo importante que sepan cuando nací, por que si te digo planearas algún evento y tendré a todos sobre mi fingiendo interés en mi

-Yo me intereso mucho en ti

-Ves y no necesitas saber ni fecha de nacimiento para quererme…mejor olvida todo esto te llevare a casa.

Yuugi acepto algo molesto y desaparecieron entre la gente quedando solo Seto y Bakura, ambos se ignoraron yendo saliendo cada uno por su lado uno a la primaria y otro a la biblioteca.

Desde que conoció a los amigos de su hermanito no le parecía muy conveniente que siguiera saliendo con ellos así que decidió pasar por el a la escuela sin importar lo que hubiera en la agenda. Como siempre llego a tiempo Mokuba salía acompañado de su ejército así que se bajo y lo metió en el auto ignorando los reproches.

 

Mokuba quería a su hermano pero le molestaba su profundo silencio, apenas y se miraban mucho menos tendrían una alegre conversación además de “Haz tu tarea y ten cuidado en casa” Hace tiempo que no le preguntaba como le había ido, o si entendía su tarea, si manejar K.C ya era un problema manejar otra sucursal en otro país era imposible para el solo. Vio por ultima vez a su hermano, que raro no trabajaba sino que veía por la ventana, sonrió y saco un videojuego portátil para entretenerse en resto del camino.

 

Seto pensaba en lo de los cumpleaños si lo pensaba bien Jou pensaba de manera muy similar a el, lo estaba imitando o de verdad había esa sensación amarga en el....pero porque pensaba en el perro....debía ser que era lo mas reciente en su mente, si era todo. Trato de concentrarse en trabajar pero extrañamente noto lo lindo que estaba el día: Unas enormes nubes negras cubrían ciudad Domino, el clima estaba frió, las hojas de árboles se agitaban por la furia del aire y la gente se dispersaba buscando refugio....que lindo día se aproximaba.

 

Al mirar hacia la calle viendo a la gente correr noto una figura  conocida, una mata amarilla iba en la misma dirección que su auto, caminaba lentamente observando las nubes....parecía sonriente. Las gotas empezaban a caer mojando al perro, que parecía disfrutarlo. La limusina dio vuelta por unas callejuelas era un recorrido normal, era largo y complicado pero era el camino. Al salir del laberinto vio salir a Jou de un camino igual, se veía sonrojado era la combinación del clima y el esfuerzo de recorrer tanta distancia. Se sacudía para quitarse el pelo del rostro, tenia que cruzar una peligrosa carretera y necesitaba todos sus reflejos. Seto odiaba lo que seguía de ese camino eran los barrios bajos de Domino le deprimía ver esos lugares y de nuevo ahí estaba el perro, se veía mas seguro y sonriente....en esos lugares, como podía....pero claro eran sus dominios, la gente lo saludaba, acariciaba los maltratados letreros, pero seguía avanzando. Salieron de esa zona para casi llegar a los suburbios, las casas eran viejas pero no descuidadas y así como lo vio aparecer el perro salio del camino sin dejar rastro.

 

Por el resto del día olvido lo que había pasado se concentro en el trabajo y nada mas. Llego a casa de madrugada como siempre, fue a ver a su hermano dormir, que inocente se veía, beso su frente y se fue a dormir, tenia que ir a la escuela, odiaba el sistema, las instalaciones y las clases pero era un maldito requisito. Unas pocas horas después tuvo que levantarse se arreglo y se despidió de su hermano que se levantaba. Llego puntual como siempre y al poco tiempo llego el resto del grupo  y 3 de los 4 amiguitos, el perro siempre llegaba tarde pero la conversación llamo su atención.

-Eso te dijo Jou, el es un tipo alegre y sabe lo mucho que lo queremos

-Me preocupa, hace tiempo que lo veo diferente, pero por ahora hay que concentrarnos en su cumpleaños, nadie sabe cundo es? Quizá por eso me hablo de ese modo quería saber si lo recordaba.

-Lo conozco hace tiempo y nunca hemos celebrado su cumpleaños.

-No antes que Anzu y que yo....no recuerdo si alguna vez se lo pregunte, debemos prepararle algo especial se que le gustara que lo celebremos.

Otra voz se escucho entre ellos algo irónica y triste

-Pero no la gusta que lo celebren solo van a incomodarlo, quizá molestarlo, porque no le preguntan que quiere

Giraron hacia la voz, era Jou que había llegado milagrosamente temprano y se dirigía a su asiento a dormir.

 

Sus amigos lo siguieron deseando hablar con el pero el maestro llego ordenando sentarse, para empezar el día pidió la tarea....que odioso, por lista, al llegar a Jou negó apenado, no la había hecho, ya que fue el único su castigo fue salir del salón, le pareció exagerado pero no tenia ganas de discutir, tomo sus cosas y se levanto, por primera vez vio los ojos de Bakura que lo veían algo confundido, tampoco había notado que se sentaba tan cerca de el. Le sonrió y salio gruñendo un poco. Lejos de quedarse esperando fuera del salón algunos lo vieron dormitando en un jardín rodeado de perros callejeros. Al terminar la clase volvió a su lugar siendo recibido por sus amigos desesperados que lo rodeaban.

-Calma estoy bien, solo me sacaron un rato, aquí estoy de nuevo

-Porque no nos dijiste que no habías hecho tarea....pudimos ayudarte

-Fue mejor, tuve oportunidad de dormir mejor-Volviendo a sonreír  y  rascando su cabeza como siempre.

 

Al levantar los brazos sus mangas se levantaron viéndose moretones y marcas de ataduras que se apresuro a cubrir solo siendo notado por Seto y Bakura.

El resto del día fue normal para todos, excepto que de nuevo de camino a casa Seto se encontró de nuevo en el camino con Jou, apareció y desapareció como el día anterior, entonces era su camino habitual, por lo que lo vería seguido, aun tenia la curiosidad de saber donde desaparecía.

 

Al pasar de los días el tema de conversación era el cumpleaños de Jou, era molesto para todos espacialmente Seto y Jou, Bakura parecía interesarse y hasta participo en una jugada algo baja que fue llamar a Shizuka, era su hermana tenia que saber. Jou tenia la costumbre de desaparecer un rato durante el receso últimamente se le veía con su jauría de perros que había llegado a la escuela. Con esa distracción Trajeron a Shizuka que había empezado a tomar clases en esa misma escuela pero unos pisos mas abajo. La interrogaron obteniendo los mismos resultados.

-Lo siento esque prometí no decirlo....Jou no celebra, no le gusta

-¿Tiene que ver con el divorcio de sus padres?

-No creo....desde que recuerdo le incomoda más si dices la palabra muy seguido

-Que palabra

-Cumpleaños-en voz muy baja por si Jou rondaba-recuerdo que si algo lo estresaba mas eran las canciones, una vez se escondió bajo la cama todo el día, tiende a huir ese día, claro que acepta regalos, pero generalmente un día o mas después de la fecha.

Se sintieron decepcionados con el resultado, mas cuando vieron que Jou hace buen rato había llegado, tan solo movió lo cabeza sentándose en su lugar. Decidieron dejarlo solo para pensar, solo Yuugi se quedo sentándose a su lado.

-Solo quiero hacer algo lindo por ti

-Ya has hecho muchas cosas por mí, no necesito algo así

-Hay alguna razón para que odies celebrarte

-No se....supongo que es por lo que dijo mi padre....Los cumpleaños son para la gente que es importante y agradecemos que haya nacido- Levantándole el rostro para hacer notar que hablaba de el-....o lo mas común, que la familia este orgullosa de tener a esa persona en su familia....-viendo hacia el asiento de Anzu.

-Jono-kun eso no es cierto, en ese caso deberíamos celebrarte diario, yo soy feliz de que estés aquí conmigo

-Gracias pero me gusta lo que dijo mi padre, estas muy empeñado en esto así que te propongo un juego, a ti te encantan

-o.o? Un juego ¿de que se trata?

-Simple, te daré 3dias para que averigües mi fecha de nacimiento, si lo logras celebrare contigo y hasta cantare, pero si no lo logras....no tocaras el tema si yo no lo hago, el castigo será que después de los 3 días te diré mi fecha de nacimiento pero no podrás hacer nada para celebrar....Ah si, cosas adicionales, no uses a Shizuka ella bien sabe la fecha, no uses tu rompecabezas, podrías obligarme a decirte....Bueno fuera de ahí puedes usar las herramientas que quieras....todos juegan, Honda, Anzu, Bakura y hasta Otogi si quiere, habla con ellos.

Todos aceptaron no les quedaron muchas opciones, el siguiente día fue malo para Jou, todos estaban atentos a sus documentos escolares, buscando hasta en la dirección, revisando sus cuadernos, carpetas y hasta calendarios, ya sabían porque olvidaba todo, nunca anotaba nada, pero las fechas importantes siempre las recordaba(excepto las exámenes) Estaban sobre el a veces preguntándole la fecha, también se la preguntaron a los maestros y vecinos, nadie sabia nada, debía ser una fecha importante, quizá navidad, San Valentín....algo como eso.

El segundo día no fue mejor al principio todo iba igual hasta que después del receso hicieron una pregunta importante mientras Jou comía al lado de ellos.

-Oye amigo como harías para saber datos personales de alguien

-Como que? Como fechas de nacimiento?

-No, si por ejemplo yo quisiera saber el lugar de nacimiento o el nombre de algún duelista....de por decir Kaiba o Pegasus

-Bien les daré ventaja, ya solo tienen esta tarde, todo duelista da todos sus datos al registrarse para un torneo, incluyendo fecha de nacimiento y estadísticas....claro que si ese duelista se entro ilegalmente a un torneo y para el otro no quisieron registrarlo, la opción es poner su nombre en Internet y alguna pagina lo llevara a los registros civiles de nacimiento....Suerte-Salio sonriendo de una manera deliciosamente maligna, también siendo notada por Seto que trabajaba en el salón.

Al terminar el día Jou pidió a Yuggi que lo acompañara un poco por la cuidad para entregar unos papeles.

-¿Que es Jono-kun?

-No le digas a nadie, es una solicitud de empleo

-Pero puedes tener problemas en la escuela

-Por eso no le debes de decir a nadie

Al lugar al que iban estaba cerrado así que fueron a casa de Yuggi, Jou no soltaba la carpeta que llevaba, hasta que tuvo que irse, la dejo sobre el mostrador de la tienda al poco rato después de buscar horas en Internet bajo Yuugi a ayudar a su abuelo vio la carpeta, ahí había documentos personales de Jou, copias de su acta de nacimiento y las solicitudes de empleo. Las reviso desesperado, su acta de nacimiento no se veía era una pesima copia, una solicitud estaba sin llenar y a la otra la había arrancado esa pregunta....u.u era una trampa.

Era el tercer día y nadie tenia la respuesta estaban decepcionados, Anzu busco en los registros de inscripción de la escuela, Honda en el registro civil, Bakura en los de duelista y Yuugi en Internet.

-En el registro civil me dieron que ese nombre no existía

-Eso mismo me dijo la computadora de la escuela

-Y a mi el Internet

-Tampoco conseguí nada de los registros de duelista

Entonces se escucho una risa conocida Jou reía detrás de ellos viendo las notas de lo que investigaron de el.

-Claro que no consiguieron nada, no existe el apellido Katsuya-Rió un poco mas hasta que llego el maestro, al salir se acerco de nuevo un par de clases mas riendo de sus resultados hasta el receso viéndolos desesperados y confundidos

-Si no existe porque lo tienes tú

-No lo recuerdan, mi nombre es Katsuya, no Jounouchi ese es mi apellido, me registraron al revés, por eso la tecnología no me reconoce, lastima que solo tienen 3 minutos, pueden tratar de llegar a la sala de computación porque no creo que tengan Internet.

 

Salieron corriendo, la sala estaba a 5min seria milagroso que llegaran pero seria divertido si lo hacían. Seto dejo lo que estaba haciendo y reviso su recepción de Internet, sentía curiosidad de tan sonada fecha así que la busco teniéndola en segundos en su pantalla, sonrió por la falta de comunicación con sus compañeros y al ver como Jou disfrutaba lentamente de su victoria caminando a la sala de computación.

 

Como lo esperaba, apenas estaban llegando, habían expirado los 3min casi eran 7, apenas se estaban sentando cuando llego Jou triunfante.

-Se acabo el tiempo, se esforzaron

-No es justo viejo eso fue trampa no nos avisaste hasta el final

-Di reglas de lo que no estaba permitido todo fue justo, no di reglas para mi

-Nos diste mal las señales

-Con toda la ayuda que les di, no es mi culpa que no supieran mi nombre

-Es muy cierto, ti sabes casi todo de nosotros y hay que cumplir el trato

-Bien dicho....primero la fecha es 25 de enero, no es especial ni importante pero ese es el día, segundo dejen de presionarme, si quisiera una celebración la planearía.

 

 
dingos  
Photo 1 of 9
by 
by 
by 
by 
by 
by 
by 
by 
by 
by 
More...
No list items have been added yet.